De la Capital del Mundo a un Pueblo Inexistente (Parte I)
Salimos de la oficina a mitad de tarde para poder agarrar un vuelo a que nos llevaría a unas bien merecidas vacaciones en NEW YORK CITY, la Capital del Mundo. Era la excusa perfecta, ya que unos días más tarde tendría que estar en Connecticut por motivos laborales.
Salimos de Miami contentos, entusiasmados y con ganas de por fin poder hacer lo que siempre hemos querido hacer: Perdernos por los museos, parques, calles y avenidas de Manhattan sin necesidad de estar pendientes del shopping , el beisbol, o el autobus rojo donde te cuentan una cantidad de pendejadas. Queríamos llenarnos de arte, oler cultura, conocer el Guggenheim y el Metropolitan, ir a obras de teatro, y tomar millones de fotos.
Oh Sorpresa! El vuelo salió con 3 horas de retraso… Llegamos al hotel a la una de la mañana, pero estabamos a media cuadra, MEDIA CUADRA!!! De Times Square. Asi que de quejarse: nada!. Nos registramos en el hotel, nos cambiamos los zapatos, nos cepillamos los dientes y bajamos corriendo a nuestra cita con el destino…
Coño que vaina tan Buena Nueva York!!! La gente, las luces, el ruido, los taxis, los pinchos de algo que nunca supe si era pollo, carne, cochino o perro; las vitrinas y por supuesto el despliegue de tecnologia audiovisual mas grande y ostentoso que he visto. Tiene algo que no tiene ningun otro lado…. Huele a New York.

Así empezó lo que sería uno de los mejores viajes que he hecho en mi vida. No sé si en parte sera que me gasto la major compañera de viaje del mundo; o que simplemente todo, o casi todo salió a pedir de boca. El clima estaba perfecto. Empezando otoño es la major época, ni frio ni calor; simplemente perfecto.
Nos dimos banquete! Fuimos al Guggeinheim y le sacamos el jugo. Picasso, Juan Arp, Kandinski, Lautrec, Renoir, Pollock, Rodin, Van Gogh, y mil mochos más. Todos dentro de uno de los edificios más hermosos del mundo y que además es fruto de mi arquitecto favorito: Frank Lloyd Right. Nos tiramos en el piso del museo, debajo de la cúpula, y no nos paramos hasta que nos cansamos de tomar fotos.

Fuimos testigos de una marcha de Alemanes por los alrededores del Parque Central (muy aburrida, por cierto). Caminamos entre la multitud por las calles de la pequeña Italia durante el “Festival de San Genaro” (traumatica experiencia sensorial). Nos metimos OTRA VEZ en el barrio chino y entendimos OTRA VEZ, por qué cada vez que vamos, decimos que no volveremos más nunca… Caminamos por el Parque Central agarrados de la mano y le tomamos mil fotos a los arboles cambiando de color.
Fuimos a curiosear a la Quinta Avenida, incluso nos metimos en Tiffany’s y nos demostramos que simplemente no tenemos alma para gastar de esa manera tan irresponsable. Nos tropezamos con Christie’s, la casa de subastas mas famosa del mundo y decidimos entrar a ver que tal. Resultó que era gratisssss y había una exposicion de arte Asiatico. El arco, las flechas y las plumas que traemos en la cabeza salieron a relucir cuando nos asombramos al ver a la gente cargando jarrones chinos del siglo I, volteandolos y dandole golpecitos con la mano! Resulta que estabamos rodeados de Expertos en arte, curadores de museos de todo el mundo y demás personajes que venían a la subasta, y no un bojote de turistas como pensabamos. A diferencia de un museo normal, todas las obras tenían un precio… Todas serían subastadas al día siguiente…. Estos locos que tocoteaban todo, estaban de compras!!!
Que rico es apreciar del arte y ser un pela bola al mismo tiempo, asi uno no se tiene que preocupar que si te roban el cuadro que te costó una millonada, que si el aire no es el óptimo, que si se jode con la luz del sol, que los pelos gato, etc. Nos gozamos el museo, nos disfrutamos las obras, aprendimos que jode y nadie nos quita lo bailao’.
El lunes el Metropolitan estaba cerrado, asi que no pudimos ir a por el postre. Lo que si estaba abierta era la tienda del museo, donde nos compramos el libro de Arte mas grande y mas Gordo que he visto en mi vida. Es casi el doble que el “Libro Gordo de Petete”, pesa una bola y me lo calé por muchas cuadras, pero valió la pena. Estuvo bueno el Plus café.
Al tercer dia ya teniamos ampollas en los pies y el alma llena de oleos, el “stick”de memoria de la camara de fotos ya lo habiamos vaciado varias veces. Había llegado el momento de hacer maletas y levar anclas. Connecticut nos esperaba…